Ayer descubrí que, cuando corro en mi clase de danza, me vienen a la mente solo pensamientos lindos.
Estoy cansada y siento que a los 15 minutos mi cuerpo pesa el doble pero así y todo...me vienen cosas lindas a la cabeza.
Me gustó.
(M)
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miércoles, 26 de septiembre de 2012
jueves, 17 de marzo de 2011
Peso pluma...en tus sueños
Inentendiblemente cuando el profesor de arnés me preguntó "¿cuánto pesas?" (dato importantísimo cuando de evaluar cuántos elásticos necesitás para mantenerte en el aire!! y no morir en el intento)...le contesté, sin titubear, dos kilos y medio menos de lo que realmente peso.
Fue automático. Segundo después no daba rectificarme.
¡Hacete cargo de tus 3 kilos demás! Están ahí aunque no los nombres.
¡¡Lo que no se nombra, en este caso, de todas maneras existe!!
(M)
Fue automático. Segundo después no daba rectificarme.
¡Hacete cargo de tus 3 kilos demás! Están ahí aunque no los nombres.
¡¡Lo que no se nombra, en este caso, de todas maneras existe!!
(M)
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miércoles, 17 de marzo de 2010
Miércoles de no deporte...
Mañana de miércoles para estas dos blogueras. Inundadas por el sentimiento de euforia que la incursión en la rollermanía por parte de (B) contagió, ayer organizamos salir hoy temprano a patinar. Qué copado...buenísimo...dale, yo alquilo por ahora después si me copo me compro unos (?)...genial si aprovechamos la mañana y demás verdades en vano enunciadas...
A las 11 de la mañana ambas en su hogar estábamos poseídas por el pijama y un tremendo desayuno...el plan original de a poco se esfumaba...llegado el mediodía y hablando por chat (actividad sedentaria por definición!) resolvimos que efectivamente para la patinada era tarde peeero no para una panzada en plena plaza las heras.
El picnic incluyó suculentos sandwiches de jamón, queso, tomate y lechuga, torta de manzana de postre y hasta un mantel (bueno confieso que es una sábana) con cuadraditos...echadas panza arriba dirimiendo sobre amores y desamores se coló una que otra queja del estilo "che...malísimo lo nuestro...le dimos la espalda al deporte" pero pasó sin mayores consecuencias mientras hundía la cuchara entre la avena y la manzana acaramelada.
Ya acomodando todo para emprender retirada un muchacho que peinaba camiseta de boca, unos shorts un tanto vintage, unos 30 y pico y una mirada mareada nos pidió un raro permiso: "chicas les molesto si me tiro a dormir acá". No, todo bien...
Nos miramos y pensamos lo mismo "como no le dijimos que no?...a ver que hacía..."
Con deporte o sin deporte siempre es un buen día para empezarlo con una amiga...y un dormilón al que envidiarle la siesta bajo un árbol..
(M)
A las 11 de la mañana ambas en su hogar estábamos poseídas por el pijama y un tremendo desayuno...el plan original de a poco se esfumaba...llegado el mediodía y hablando por chat (actividad sedentaria por definición!) resolvimos que efectivamente para la patinada era tarde peeero no para una panzada en plena plaza las heras.
El picnic incluyó suculentos sandwiches de jamón, queso, tomate y lechuga, torta de manzana de postre y hasta un mantel (bueno confieso que es una sábana) con cuadraditos...echadas panza arriba dirimiendo sobre amores y desamores se coló una que otra queja del estilo "che...malísimo lo nuestro...le dimos la espalda al deporte" pero pasó sin mayores consecuencias mientras hundía la cuchara entre la avena y la manzana acaramelada.
Ya acomodando todo para emprender retirada un muchacho que peinaba camiseta de boca, unos shorts un tanto vintage, unos 30 y pico y una mirada mareada nos pidió un raro permiso: "chicas les molesto si me tiro a dormir acá". No, todo bien...
Nos miramos y pensamos lo mismo "como no le dijimos que no?...a ver que hacía..."
Con deporte o sin deporte siempre es un buen día para empezarlo con una amiga...y un dormilón al que envidiarle la siesta bajo un árbol..
(M)
viernes, 12 de marzo de 2010
Rollermania
Me regalaron un par de rollers. Pero me los regalaron cuando tenía 16 añitos. Es bueno que sepas que son de plástico negros, con ruedas de idem material y con una lengüeta rara. Comparándolos con los rollers nueva generación que parecen de aire, los míos pueden pasar tranquilamente por yunques.
Decidí traérmelos a Buenos Aires este verano, convencida de que no todo está perdido para mis piernas y que algo de actividad me vendría bien. Los rollers descansaron impávidos en el piso por varias semanas hasta hoy. Salí rauda por la calle, decidida a romper con mis fobias sociales de ciudad con los rollers en la mochila.
Encaré para la laguna de Palermo (¿eh? na, lagos son el Futalaufquen, el Krueger, el Nahuel Huapi, no me vengan con pavadas) Primer consejo: no te olvides el repelente de mosquitos! Segundo consejo: cuando te sientes para ponerte los rollers procurá que el culo te quede más arriba que los pies. De lo contrario, hacete cargo de la falta de equilibrio y la fuerza que tengas que hacer para levantar los X kilos de tu cuerpito todo del suelo.
Voy bien, pensé, mientras me acercaba al carril ciclístico por el que me iba a deslizar. Empecé a ver a corredores, gente que andaba en bicicleta, caminantes enérgicos. Gente admirable. Hasta que me pasó el primer rollermaníaco: un chinito que me despeinó cuando pasó al lado mío de lo rápido que iba. Parecía caminar en el aire.
Mis rueditas en fila hacían ruido en el asfalto, los rollers de todos los demás tenían silenciador. Dije, a ver, observemos: leve inclinación hacia adelante, rodillas flexionadas y con elegancia abrir los piecitos a medida que se avanza para darse envión. No parecía difícil. Todos pasaban a los pedos patinando a mis costados, charlando con compañeros de aventura, mandando mensajitos o paseando. Yo parecía estar corriendo el Iron Man.
Ni que hablar cuando llegué a la parte en el que un grupete de muchachos/as hacen acrobacias esquivando conitos y saltando obstáculos. Directamente me senté a admirarlos, ocultando mi vergüenza ante tamaña habilidad.
Hice veinte metros y las patas no me daban más. El chinito pasó por tercera vez en sus rollers voladores. Me senté en el cordón, haciéndome la que me ajustaba los aparatejos. Cuando no sabés patinar sentís que todos te miran y se rien bajito. Fue ahi cuando me empecé a tentar de risa.
Me gusta abstraerme en ciertos momentos, y veo las cosas desde afuera. Ahi veía a una treintañera tratando de combatir el sedentarismo y sentirse mejor, bastante torpe, pensando en cómo le van a doler todos los músculos mañana, justo que tiene un cumpleaños, y que cómo iba a hacer para bailar! Comparando constantemente sus rollers con los de todos los demás, y atribuyendo esa incapacidad de deslizarse a la antigüedad de sus patines.
Yo hacía dos zancadas, avanzaba medio metro. Los demás hacían media y avanzaban cinco. No sabía si eran las ruedas, los rollers noventosos, mi falta de práctica o la humedad. Lo cierto es que cuando paré por enésima vez y vi pasar al chinito en su milésima vuelta, decidí al menos terminar mi vuelta a la laguna.
Los demás iban con las piernas prolijas, enteras, claras. Yo lidiaba con un firulete que mi pierna izquierda hacía sin que yo se lo indicara, y que me servía, simplemente para no estamparme contra el asfalto. Promediando la vuelta, necesitaba descansar y mientras me acercaba - dolorida pero disimulada - casi me pego un porrazo y empecé a aletear (sic) en el aire para mantener el equilibrio. Justo pasó una parejita que miró mis rollers como si fueran un tesoro para coleccionistas.
Entre la risa y el esfuerzo, llegué a mi meta. Para dejar de hacer papelones me saqué un patin y caminé unos pasos hasta el cordón. Me puse las zapatillas y di una vuelta más caminando.
No seré un as del patinaje, mis rollers serán viejos y pesados, o seré yo la que tiene que aprender a usarlos. Pero sin dudas, lo que vale es la intención ¿no?
(B)
Decidí traérmelos a Buenos Aires este verano, convencida de que no todo está perdido para mis piernas y que algo de actividad me vendría bien. Los rollers descansaron impávidos en el piso por varias semanas hasta hoy. Salí rauda por la calle, decidida a romper con mis fobias sociales de ciudad con los rollers en la mochila.
Encaré para la laguna de Palermo (¿eh? na, lagos son el Futalaufquen, el Krueger, el Nahuel Huapi, no me vengan con pavadas) Primer consejo: no te olvides el repelente de mosquitos! Segundo consejo: cuando te sientes para ponerte los rollers procurá que el culo te quede más arriba que los pies. De lo contrario, hacete cargo de la falta de equilibrio y la fuerza que tengas que hacer para levantar los X kilos de tu cuerpito todo del suelo.
Voy bien, pensé, mientras me acercaba al carril ciclístico por el que me iba a deslizar. Empecé a ver a corredores, gente que andaba en bicicleta, caminantes enérgicos. Gente admirable. Hasta que me pasó el primer rollermaníaco: un chinito que me despeinó cuando pasó al lado mío de lo rápido que iba. Parecía caminar en el aire.
Mis rueditas en fila hacían ruido en el asfalto, los rollers de todos los demás tenían silenciador. Dije, a ver, observemos: leve inclinación hacia adelante, rodillas flexionadas y con elegancia abrir los piecitos a medida que se avanza para darse envión. No parecía difícil. Todos pasaban a los pedos patinando a mis costados, charlando con compañeros de aventura, mandando mensajitos o paseando. Yo parecía estar corriendo el Iron Man.
Ni que hablar cuando llegué a la parte en el que un grupete de muchachos/as hacen acrobacias esquivando conitos y saltando obstáculos. Directamente me senté a admirarlos, ocultando mi vergüenza ante tamaña habilidad.
Hice veinte metros y las patas no me daban más. El chinito pasó por tercera vez en sus rollers voladores. Me senté en el cordón, haciéndome la que me ajustaba los aparatejos. Cuando no sabés patinar sentís que todos te miran y se rien bajito. Fue ahi cuando me empecé a tentar de risa.
Me gusta abstraerme en ciertos momentos, y veo las cosas desde afuera. Ahi veía a una treintañera tratando de combatir el sedentarismo y sentirse mejor, bastante torpe, pensando en cómo le van a doler todos los músculos mañana, justo que tiene un cumpleaños, y que cómo iba a hacer para bailar! Comparando constantemente sus rollers con los de todos los demás, y atribuyendo esa incapacidad de deslizarse a la antigüedad de sus patines.
Yo hacía dos zancadas, avanzaba medio metro. Los demás hacían media y avanzaban cinco. No sabía si eran las ruedas, los rollers noventosos, mi falta de práctica o la humedad. Lo cierto es que cuando paré por enésima vez y vi pasar al chinito en su milésima vuelta, decidí al menos terminar mi vuelta a la laguna.
Los demás iban con las piernas prolijas, enteras, claras. Yo lidiaba con un firulete que mi pierna izquierda hacía sin que yo se lo indicara, y que me servía, simplemente para no estamparme contra el asfalto. Promediando la vuelta, necesitaba descansar y mientras me acercaba - dolorida pero disimulada - casi me pego un porrazo y empecé a aletear (sic) en el aire para mantener el equilibrio. Justo pasó una parejita que miró mis rollers como si fueran un tesoro para coleccionistas.
Entre la risa y el esfuerzo, llegué a mi meta. Para dejar de hacer papelones me saqué un patin y caminé unos pasos hasta el cordón. Me puse las zapatillas y di una vuelta más caminando.
No seré un as del patinaje, mis rollers serán viejos y pesados, o seré yo la que tiene que aprender a usarlos. Pero sin dudas, lo que vale es la intención ¿no?
(B)
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