...perdí una tortuga. Estaba en el campo, la tortuga (que mi hermano quiso tener y después se ocupó 0) me daba pena en su caja y la dejaba salir a caminar, libre, por el pasto. Minutos de distracción y cuelgue a mis ya tempranos 9 años, hicieron que la perdiese de vista. Escena siguiente: los 4 (mamá, papá y hermano) arrastrando los pies por el área de paseo y focalizando para encontrarla mimetizada en el pasto.
...con el boom de los Cds, pregunté si era verdad que tenían vencimiento a los 10 años (tal como había "escuchado por ahí")
...discutí fervorosamente con mi familia sobre las calorías de una aceituna. Estaba convencida que tal como había "escuchado por ahí", una aceituna engordaba lo mismo que una milanesa con papas fritas
...me fui al boliche con una pollera colgada en la espalda. Si, insólito. Nos juntamos en lo de una amiga, en el sillón había una pollera negra de la madre, yo me apoyé y la pollera se me enganchó en la espalda sin que yo siquiera lo notase. Me abrigué con suéter y campera. Entramos al boliche, me desabrigué y cargué la pollera, cual capa de superhéroe, largo rato. Hasta que la vieron mis amigas. La tentación de risa duró horas.
Desvariaciones como estas cubrieron mi infancia, adolescencia y siguen inundando mi adultez...
Confieso.
(M)